man-ray-photography-as-art-ingres-violin

Man Ray (1890 - 1976) El violín de Ingres

Hace unos días propuse a Ava Maof en su blog Ava y el sexo hablar acerca del sexo como vía para la trascendencia espiritual. A cambio, yo me brindaba a escribir sobre el tema que ella eligiese – que resultó ser “el erotismo y la sensualidad en la música” – . Ava respondió escribiendo una entrada magnífica y yo me dispongo a cumplir mi parte del trato. No soy desde luego ningún experto en el tema, pero en cuanto Ava lo sugirió me pareció un reto fascinante. Lejos de ser un profundo estudio (el tema se merecería cuanto menos una tesis doctoral de las largas), me limitaré a echar un vistazo a aquellas facetas que más me llaman la atención

La música es sin duda el arte más voluble. Cómo llega un ritmo o una melodía a incidir en nuestras emociones, es algo para lo que aún no tenemos respuesta (siempre me ha parecido una pérdida de tiempo buscarla…). Desde que nacemos, respondemos a la voz de nuestra madre captando su melodía y reaccionando a los cambios de esta mucho antes de comprender la semántica del lenguaje hablado. Esto es algo universal, aprendemos a cantar antes que hablar, quizás por simple supervivencia. A partir de ese momento utilizamos la melodía de nuestra voz para convencer, seducir, alertar o agradecer. La primera canción con letra compartida universalmente por cualquier cultura tiene solo una palabra de dos sílabas: MAMI.

Antropología de andar por casa:

El ser humano primitivo fue consciente muy pronto del poder de la música utilizándola para expresarse en sus rituales mágicos, como invocación de lluvia, caza, fertilidad… Una de las pulsiones naturales más fuertes que poseemos como especie junto al instinto de supervivencia, es el afán de procreación. Aquí entra a escena nuestro amigo el sexo, como mecanismo animal que a través del deseo entre géneros, asegura la supervivencia de la especie.

Pero no es el deseo de placer el único factor que interviene a la hora de seducir a un individuo del sexo contrario, el Hombre está dotado – como la mayoría de los machos en los animales – de un instinto de competencia para ganar de esta manera el derecho de apareamiento y asegurar la propia línea genética. El hecho de que ganen los individuos más fuertes, asegura el desarrollo y evolución de la especie.

Como podemos observar en muchos animales, suele existir un ritual de cortejo llevado a cabo mayoritariamente por el macho con el fin de mostrar a las hembras su superioridad sobre los competidores y por ende su idoneidad como progenitor. Estos rituales en muchas ocasiones se acompañan de cantos, danzas y movimientos rítmicos que aunque no puedan ser considerados como música (al menos no suelen serlo, lo que no deja de ser discutible), si crean una base desde la que partir a nivel antropológico.

Es muy normal que las tribus más primitivas utilicen rituales de seducción y fertilidad basándose en las mismas premisas que los animales, como la superioridad física frente a los competidores (podrá proteger mejor a su familia) y la idoneidad como progenitores (individuos más fértiles y con mejores características genéticas). También en estos rituales se utilizan danzas acompañadas de músicas eminentemente rítmicas o con melodías muy sencillas. Sea como fuere, estas músicas pueden ser consideradas como el comienzo del erotismo y la sensualidad en la música.

Hay un grupo de tribus nómadas en Níger, los Bororo, que siguen realizando una danza de lo más sorprendente una vez al año para encontrar pareja fuera del círculo familiar. Los jóvenes Bororo se maquillan de forma muy sofisticada y visten trajes y adornos que hacen recordar a un ave en pleno cortejo nupcial. El aspecto físico domina toda la ceremonia, así como la canción y la forma de cantarla.

El ritmo es el elemento primigenio y el más básico de la música. Digamos que es también para mi el que conecta más rápido con el sexo a nivel animal, saltándose cualquier consideración intelectual. En todo el contienente africano hay innumerables pueblos que expresan su creatividad musicla a través del ritmo y conectan con el erotismo a un nivel totalmente físico, casi instintivo. Esta herencia rítmica del continente africano viajó a través de la esclavitud al continente americano en los siglos XVIII y XIX encontrando nuevas formas como la música cubana y la brasileña. En el caso de Brasil, es obvia la conexión entre el Samba y el erotismo a un nivel absolutamente físico.

Pero existe en Brasil una estilización de los ritmos del samba, que unidos con armonías más sofisticadas provenientes del jazz, dieron paso a finales de los años 50 del pasado siglo a un nuevo estilo llamado Bossa Nova. Este estilo fusiona una música sofisticada de armonías y ritmos ondulantes (parece como si se hubieran limado las aristas del ritmo del samba para dar paso a las curvas, en la Bossa nova no existen los ángulos rectos) con unas letras cálidas que tienen como referente al Amor en la mayoría de las ocasiones. Al no ser expresión de ningún estamento social oprimido como ocurre en el caso del flamenco o el blues, la Bossa habla de luz y sensualidad.

Las raíces rítmicas africanas también encontraron tierra fértil en Norteamérica, dando origen al Blues. A principios del siglo XX y gracias a la llegada de instrumentos europeos a los estados unidos (piano, trompeta, saxo, contrabajo…), el blues evolucionará hacia el lenguaje del jazz. Este nuevo género musical, sofisticará la expresión haciendo el mensaje de la sensualidad más refinado. Se componen innumerables canciones de temática amorosa que gracias al jazz adquirirán una dimensión de lo más sugerente. La irrupción del cine revolucionó el arte a una velocidad desconocida hasta entonces haciendo que la música tenga un referente claro gracias al imaginario de las películas de Hollywood. El mito de la Femme Fatale como mujer irresistible que lleva a la perdición al más duro de los hombres se impone como canon de seducción. ¿Quien no caería a los pies de Julie London aún a sabiendas de que nos arruinará la vida…?

En el lado masculino, el jazz vocal siempre ha tenido menos representantes que en el femenino. Por supuesto siempre nos quedará Frank Sinatra, que a pesar de no ser un cantante de jazz, si es un genuino representante del erotismo en la música.

El jazz simbolizará el erotismo masculino más claramente en un instrumento, el Saxo. La similitud entre los términos Sexo y Saxo, ha contribuido sin dudo a darle ese cariz. No hay nada más sensualmente sugerente que un tórrido saxo tenor para terminar de enmarcar una escena de cama en el cine. basta hacer una búsqueda en youtube para que aperezcan cientos de playlists con el nombre de “Erotic Sax”.

Hay un campo enorme para investigar dentro de la música moderna (pop, rock, soul, funk…) y podría eternizarme poniendo ejemplos de los estilos que más han basado su inspiración en la sexualidad, pero también es cierto que todas estas músicas tienden a ser mucho más explícitas lo cual las hace perder interés para mi en este terreno. Me limitaré a poner algunos ejemplos.

El Funk debe e su nombre a un término slam que significa “el olor del sudor negro”. Con este precedente, es obvio que esta música tiene una marcada inspiración física. Si hay alguien que ilustra este significado a la perfección, es James Brown y su “Sex Machine”

En un lado más simple pero no por ello menos efectivo, tenemos el rock duro americano. La letra de este clásico lo dice bien claro

Y bueno, ahora viene uno de mis favoritos. David Bowie y su Glam Rock explotaron la ambigüedad de un modo fabuloso. Las canciones de Bowie de los 70 y en especial sus apariciones en directo, rezuman sensualidad por los cuatro costados. No es americano, pero termino con él por proximidad de géneros.

El erotismo y la sensualidad en Europa tuvieron un desarrollo mucho más espiritual y religioso. El dominio del cristianismo y la idea de que los placeres de la carne abrían directamente la puerta del infierno, causó que el deseo sexual (imposible de acallar, como parte fundamental del ser humano que es) fuese sublimado  y oculto durante siglos. Estoy seguro de que muchas manifestaciones reconocidas como éxtasis místico, tenían mucho que ver con impulsos róticos naturales.

Debo hablar ahora de un personaje que pese a no ser reconocido como precursor del erotismo en la música, a mi me parece una de las fuentes más sugerentes de sensualidad que conozco. En el siglo XII, vivió en Alemania una mujer excepcional, Hildegard Von Bingen. Hildegard fue una mujer adelantada a su época en varios siglos. Poetisa, pintora, médica, escritora, compositora, abadesa, mística y visionaria, participó activamente en la reforma de la iglesia desafiando el poder evidentemente masculino que regía el catolicismo. Gracias al hecho de haber tenido visiones desde muy pequeña y haber sido estas reconocidas por un abad influyente en los círculos cercanos al Papa, se le permitió escribir numerosos libros (algo inaudito en esa época para una mujer religiosa) en los que relata sus visiones y habla de diversos temas acerca de medicina y ciencia natural. En uno de estos libros, relata lo que se ha calificado como la primera descripción del orgasmo femenino escrita por una mujer. No he leído este pasaje, pero parece ser que sigue siendo una de las descripciones más acertadas que existen. Como abadesa, permitía que las monjas de su convento llevasen el cabello al aire, aduciendo que el señor le había revelado en una de sus visiones que la belleza de la mujer no debía ser ocultada y debía embellecer su casa (el convento). También permitía que las religiosas cultivasen sus talentos artísticos y bebiesen cerveza, parece ser que le gustaban las mejillas encarnadas. Promovía la igualdad de sexos y llegó a decir que “La sangre de la menstruación no mancha, sino la sangre derramada en las guerras”. Como compositora compuso 78 obras, una música que yo me permito incluir en este mi repertorio erótico musical.

Hay mucha música en la edad media y el renacimiento con un alto contenido erótico y sensual, pero pasaré ahora a la explosión de luz que supone la música del barroco. La stravaganza, la ornamentación, la imaginagión y la libertad caprichosa de los compositores, hacen que la música barroca esté llena de frescura y encontremos constantemente alusiones a los placeres más exquisitos.

Y hacemos otro salto, para avanzar hasta el impresionismo francés. Para empezar, Maurice Ravel respira sensualidad en este Lever du jour (amanecer) del ballet Daphnis et Chloe. Basado en dos seres mitológicos, narra la historia de dos pastores y su despertar al amor.

Y le toca el turno a este otro gigante del impresionismo, Claude Debussy. Esta pieza, el “Preludio a la siesta de un fauno”, fue compuesta para el coreógrafo y bailarín ruso Nijinski. Su estreno en París fue todo un escándalo debido a los movimientos lascivos del propio Nijinski en una época en que el público aún estaba muy acostumbrado al clasicismo de los ballets de Tchaikovsky y las coreografías de Marius Petipa llenas de “patitos”.

Y voy a terminar con un clásico. Los que tenemos cierta edad nos acordamos de la película “10, la mujer perfecta” y de los desvelos de Dudley Moore para acostarse con Bo Derek, lo cual termina haciendo con el bolero de Ravel de fondo. Esta es sin duda una de las piezas más eróticas que conozco y aquí os dejo la famosa coreografía de Maurice Bejart con Sylvie Guillem. Tuve la suerte de ver en directo esta coreografía hace ya bastantes años y es uno de los recuerdos que más me han marcado en cuanto a música escénica se refiere. Dura 15 minutos, pero os aconsejo que hagáis el viaje entero. A mi me transforma cada vez que lo veo.

Y hasta aquí mi viaje al erotismo en la música. Se que no será lo que algunos esperaban, pero siempre he pensado que a la sensualidad y al erotismo hay que ponerles mucho de uno mismo, que para obviedades ya está la televisión.

Saludos desde la luz.