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“Heart of my people” (Andrew Williams)

Desde el principio de los tiempos, los hombres nos hemos reunido para compartir experiencias mágicas, historias, representaciones de sucesos reales o imaginarios, cuentos, leyendas, narraciones educativas más o menos útiles y expresiones artísticas. Desde el descubrimiento del fuego, este ha tomado un papel predominante como centro de reuniones, convirtiéndose en símbolo y leit-motiv de estos encuentros, que solían producirse al final del día, tras la desaparición de la luz solar. La invención de la luz eléctrica y el uso de estufas y radiadores para calentarse, han relegado a las llamas a un plano exóticamente romántico, extendiendo el concepto de la reunión alrededor del fuego a cualquier lugar donde realizar un encuentro entre personas sin otro afán que el de compartir cualquier inquietud.

En estos tiempos en los que empezamos a relacionarnos más a través del teclado de un ordenador que en persona y que el ritmo frenético de la sociedad nos ha acostumbrado a definir la lentitud como una cualidad negativa, siento que es primordial recuperar esa relación con los demás en la que nos mirábamos a los ojos para hablarnos.

Últimamente, he conocido varias hogueras rodeadas por sendos grupos de personas que generosamente han abierto sus filas para acogerme. La última, la noche de difuntos (me niego a llamarla Ha….), tuve la suerte de conocer gente maravillosa en torno a la elaboración de una queimada cuya magia hizo surgir conversaciones cálidas, profundas y enriquecedoras. Y hace unas tres semanas una casualidad (mentira, eso no existe…) me hizo conducir mis pasos al Café Galdós de Madrid y disfrutar de una sesión de micrófono abierto en la que conocí a un grupo de artistas entre los que me vi muy identificado. La experiencia me hizo decidirme a repetir el siguiente lunes y participar esta vez encima del escenario. Fué una experiencia muy grata en un espacio tan cálido y acogedor como Ulises y Cristian, los organizadores de la sesión.  Tras mi participación en “Escenario madrid” (así se llama la sesión del Galdós), quise conocer el micro abierto del mítico “Libertad 8” (MAL8). Esta sesión me pareció de nuevo impactante y me hizo repetir de nuevo al siguiente Martes y al igual que la segunda del Galdós, hacerlo como participante activo. El escenario del Libertad 8 me resultó extrañamente familiar, como si estuviese tocando en casa y la organización de Andrés Sudón es exquisita. Los dos locales me resultan cálidos y acogedores y aunque inevitable y afortunadamente tienen sus diferencias , comparten algo mágico que sobrevuela  las dos horas aproximadas que dura cada una de las sesiones y es una sensación desbordante de honestidad. Uno tras otro, los participantes van desnudando su interior sobre el escenario mientras el público (que en gran medida se trata de los mismos participantes), consciente del carácter casi sagrado del evento, recibe como una esponja y con una apertura de miras impresionante cada una de las perlas que se derraman sobre el escenario. Toda expresión es valiosa y se valora tanto o más la transmisión y el contenido de cada canción, poesía o performance, como la calidad técnica o interpretativa. Se respira un profundo respeto hacia el hecho creativo.

Tuve la inmensa suerte de salir seleccionado tras mi segunda actuación en el Café Galdós para actuar en un festival que se realizará el día 7 de noviembre, junto a otros tres artistas seleccionados en ediciones anteriores;  no tengo ni que decir que espero la llegada de ese día con auténtica ilusión.

Seguiré, sin duda, asistiendo a estos dos templos de la creación (y a todos aquellos que vaya descubriendo) para compartir coloquios alrededor del fuego. Hoy más que nunca, encontrarse cara a cara, piel a piel y mirada a mirada se hace urgentemente necesario; necesitamos el contacto físico, es la única manera que tenemos de impedir la deshumanización a la que nos está arrastrando el absurdo culto al dinero.

Nos vemos junto al fuego.

Saludos desde la luz.