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Ayer viví una gran experiencia, trabajé haciendo el sonido para el grupo de Rock de unos amigos. El concierto tuvo lugar en la cárcel de Aranjuez, uno de los principales centros penitenciarios cerca de Madrid.

El concierto fué organizado por la Fundación Horizontes Abiertos, una ONG que tiene proyectos de ayuda a la reinserción de presos así como apoyo a madres que conviven en las cárceles con sus hijos hasta los tres años, organización de actividades culturales para los presos, etc.

Todos estábamos bastante nerviosos, ya que era la primera vez que entrábamos en una cárcel y nos esperábamos cualquier cosa. La burocracia y los controles de seguridad hicieron que entrásemos dos horas más tarde de lo que teníamos previsto, lo cual nos obligó a hacer el monteje en el tiempo record de una hora. A las dos en punto de la tarde nos hicieron salir del centro, ya que era la hora de la comida de los presos y el recuento de los mismos, un momento en el que no debe haber nadie externo dentro de la prisión. Volvimos a eso de las cuatro y cuarto, conseguimos hacer una pequeña prueba de sonido y a las cinco empezaron a llegar los presos al auditorio del penal.

Todo sucedió a gran velocidad y casi sin tiempo, podría haber resultado ser todo un caos, de no ser por la ayuda que nos brindaron dos de los reclusos, Francisco y Raúl, que estuvieron ayudándonos en todo momento con una disposición absoluta. Los dos tenían un grupo de Rock dentro de la cárcel y se les veía disfrutar de su participacion en la organizacion de un concierto. Francisco había hecho un curso de técnico de sonido en una cárcel anterior (creo que Alcalá-Meco) e hizo todo lo que estaba en su mano para hacer más sencillo mi trabajo.

Y el público… IMPRESIONANTE! Creo que nunca he trabajado para una audiencia más agradecida ni dispuesta a disfrutar. A los del grupo se les pasaron los nervios a los 10 segundos de empezar, en cuanto sintieron el feedback que regresaba de la platea; tenían muchas reservas acerca de lo que podría ocurrir, pensar en cantar en una cácel cosas como “Keep on rockin’ in the free world” tiene su miga… La gente cantó, bailó (con moderación, allí estaban los funcionarios vigilando pero dejando que los presos se expresaran tranquilamente, me pareció muy sensata su actitud en todo momento) y nos regaló un montón de expresiones de agradecimiento. Cuando terminó el concierto, todos estábamos en una nube.

El desmontaje fué distendido y seguimos siendo ayudados por Francisco y Raúl (quien había participado en uno de los temas del concierto tocando la harmónica). Parece mentira, pero os juro que llegamos a sentirnos muy cómodos.

Cuando terminamos el desmontaje y cargamos el equipo en nuestros coches, nos despedimos de nuestros amigos y a mi me salió el típico “a ver si nos vemos en otra…”; sentí un escalofrío tras estas palabras y se me hizo un nudo en la garganta cuando cerraron la reja que nos separaba, dejándoles a ellos dentro de la cárcel en la que cumplían condena quién sabe por qué.

Me avergüenza pensar que nunca antes le he prestado demasiada atención al mundo de los presidiarios, eran para mi casi una especie distinta, gente “mala” con la que es imposible relacionarse de forma natural y de la que hay que “cuidarse”. En la prisión de Aranjuez conocimos gente que me ha hecho cambiar radicalmente mi forma de pensar. Pienso que ninguno estamos exentos de la posibilidad de terminar dentro de una prisión en cualquier momento y que una vez allí, cualquier ser humano tiene el derecho fundamental de continuar conservando su dignidad intacta.

Desde aquí, quiero expresar mi más profunda admiración para la gente de Horizontes Abiertos  ( http://www.horizontesabiertos.org ) Seguro que gracias a ellos, la reinserción de presos está mucho más cerca de convertirse en realidad en muchos casos. Espero poder volver pronto a tener una experiencia como esta, ya que ha resultado muy pero que muy enriquecedora.

Saludos desde la luz.

 

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